martes, 23 de enero de 2007

Cuando existimos

...Aquella mañana despertó como todos los días preparado para afrontar toda una jornada de rutinas, tomo su café aprisa, ya que era poco tiempo que le quedaba para tomar el colectivo que lo llevaría a su trabajo en una importante agencia de publicidad del centro.
Salió del departamento para tomar el ascensor que un vecino del mismo piso esperaba ansioso, saludo a su vecino que ni siquiera pareció percatarse de su presencia ni tampoco le devolvio el saludo, no le dio demasiado importancia, eran las 6 de la mañana y el mismo reconocía lo que le costaba conectarse con el mundo después de despertarse. Llego el ascensor y el vecino abrió la puerta y casi la cierra en sus narices de no haberse interpuesto, le reclamo airadamente, pero el vecino ni se inmuto, un episodio similar se desarrollo al llegar a la planta baja con un adolescente apurado por entrar, salio del edificio y apuro el paso, este era su año, en un mes mas tendría propio vehículo, los días de viaje en colectivo estaban cerca de su fin. Se plantó en la parada, hizo señas al primer colectivo que pasó, pero no se detuvo, ya llegaría tarde; antes que pasara el próximo una señora mayor llegaba a la parada, hizo catarsis haciendole un comentario sobre lo pésimo que es le parecía el servicio de transporte urbano de pasajeros pero ella ni siquiera pareció escucharlo, le hace señas al colectivo que se detiene y arranca cuando estaba esperando que la señora termine de subir los escalones, milagrosamente se apea en colectivo, pone las moneda en la maquina y guarda el boleto en el bolsillo y se sienta al final.
Llega a la oficina 20 minutos tarde pero nadie se percata de su tardanza ni de su presencia ni de su existencia.